martes, 17 de julio de 2012

東京からこんにちはみなさん!!

¡Ya hemos llegado a Tokio!
De hecho entramos en el hotel hace como media hora o así, pero por supuesto lo primero que he hecho has sido darme una ducha, que después de treinta y pico horas de viaje, yo solita olía como una humanidad entera XDD


He sacado fotos desde el avión y el bus, pero resulta que no tengo cable usb para pasarlas al pc, así que mañana iré a un Konbini y me agenciaré uno si todo va bien. Así podréis ver al cara de besugo que tuve durante todo el viaje XDDD


Bueno, en España ahora son las cinco de la tarde casi, pero en JP son las doce menos cinco de la noche, así que me voy a dormir que ando frita. Tened dulces sueños y espero que os guste la entrada :3




Editado:


Aquí dejo las fotos que dije


Desde el Bus

<-------Mi cara de besugo XD



La T4 

<-----------Again XDD


 Desde el Avión


Japón desde  el aire
Narita :3




El Hotel





 Las vistas desde el Hotel de noche
 





lunes, 11 de junio de 2012

Solo para Ti




Amor mío, ¿dónde te escondes?
Echo de menos tu dulce peso sobre mi cuerpo.
No me importaría convertirme en tu pendiente si así pudiera permanecer siempre a tu lado, eres mi corazón entero, incluso hasta mi alma.

Un alma que se desgarra cada vez que despego mis ojos de tu figura, y desearía tanto no pensar solo en ti, pero eres como un mal sueño, como una hermosa pesadilla que me invade y me acosa, que ya forma parte de mí.

 Las palabras sin acabar llenan mi boca sin llegar a componer una frase, solo puedo mirarte, estoy hechizado, conquistado, subyugado incluso.
Te amo tanto que si tu corazón dejara de latir en este instante, el mío se rompería para siempre. Pero también te odio, te odio con pasión, eres un fuego que me quema, que se esconde dentro de mí y posee mi voluntad.

Caigo en la oscuridad cada vez que desapareces, entonces, cuando vuelves, solo puedo aferrarme a tu turbia luz, a tu llama corrupta.
Te amo, más que a mi propia vida. Te odio, tanto como a mí mismo.

Me has convertido en un cuerpo sin intención que mendiga tu amor mezquino, tu lujuria, tu figura embriagante. Estoy tan necesitado de ti que no puedo dormir si no estás a mi lado, pero aunque necesite tu aroma, tu tacto, me repele tu sonrisa, la que demuestra que no eres más que un demonio que me absorbe la vida.

Quiero correr lejos de ti, aunque no hay marcha atrás, no queda nada de mí, ahora solo soy tu marioneta, tu muñeco privado. Quiero ser como las rosas que crecen libres en el jardín, pero cuando me miras, sé que no puedo huir, así que enséñame quien soy, mi amor, porque estoy atrapado en tu tela de araña para siempre.


Te has ido y no puedo encontrarte. En vela, admiro la luna deseando convertirme en uno de sus rayos, deseando volver a la luz. Entonces me retiro de la ventana, sé que es imposible, porque en el fondo, muy en el fondo, quiero seguir a tu lado, envuelto en ti.

Te has ido, y hasta que regreses, seguiré muriendo cada día.

viernes, 9 de marzo de 2012

Un paso VII


Bueno, este es el último capítulo de la historia de Camille Staunton y Cara Rice, espero que os guste.





VII.Amigas…o algo parecido

Camille Staunton y Cara Rice caminaban codo con codo, en incluso parecía que se había puesto de acuerdo en los atuendos, la rubia llevaba un vestido rojo y dorado, largo hasta el suelo de corte antiguo, con las mangas abullonadas, el escote cuadrado, y los rizos recogidos en un elegante moño con un pequeño tocado de flores,  mientras que la morena parecía un auténtico príncipe con sus botas altas, su pantalón de cuero, la camisa de chorreras y la chaqueta larga de terciopelo, todo ello por supuesto negro, llevaba el cabello amarrado en una alta coleta con una cinta de terciopelo y una espada ornamental en la cintura.
Ambas sonreían con ganas, ya hacía unas semanas que eran amigas y a pesar del revuelo que se había armado en el colegio nadie tenía ni voz ni voto en la decisión. Su primera medida oficial había sido crear un festival a medio camino entre los gustos de las dos, la feria  renacentista, por causa del cual se paseaban elegantemente por todo el complejo con cara de suma satisfacción. Debían vigilar los puestos, aunque en realidad exhibían sus trajes con orgullo, pues los habían fabricado ellas mismas. Cuando se acercaron a un puesto de bebidas la morena le ofreció una a su acompañante -¿Quieres un té princesa?- y todo el mundo contuvo la respiración, pues se había puesto en relieve en los últimos días que la tan taimada joven de ascendencia noble odiaba que la llamaran así.
Camille escuchó la dichosa palabreja de los labios de la morena, pero sonrió, no le molestaba que le llamaran princesa si era Cara quien lo hacía.

domingo, 12 de febrero de 2012

Un paso VI

Otro mesito más traigo un nuevo capítulo. Ya nos vamos acercando al final así que espero que os guste.



VI… principio de una hermosa amistad
Al día siguiente, en el recreo, Cara se sentó a leer, como siempre, mientras Camille hablaba con sus “amigas” también como siempre, sin embargo ese, que había sido un día extraño desde muy pronto por la mañana, podía volverse aún menos habitual. Frente a todo pronóstico, fue Camille la que se acercó, esa vez no tuvo miedo de lo que pensaran los demás cuando dejó a una de las estúpidas niñas que tanto le incordiaban con la palabra en la boca dirigiéndose al bicho raro que, por lo menos tenía algo de cerebro. Al acercarse observó que estaba leyendo la tan ansiada novela, pero ignoró el pequeño sentimiento de envidia que la embargaba –Ayer me dejaste tirada, tendrás que venir hoy a casa si quieres que acabemos el trabajo.- algo sorprendida Cara levantó la cabeza al notar como Camille se sentaba a su lado causando numerosos murmullos a su alrededor, a ella le daba igual pero no esperaba que la princesa del colegio también los ignorara, aunque se alegro por ello creyendo que tal vez bajo aquella diadema hortera y aquel moño de ricitos había un cerebro.
La rubia se dedicó a echar periódicas miradas por encima del hombro de Cara para tratar de leer aunque fuera una línea suelta hasta que la de rizos negros se enfadó, le dijo que se levantara y la llevó hasta el aula, donde sacó un libro idéntico a suyo –Para ti- Un chillido resonó por todo el centro, y cuando los curiosos se acercaron a mirar, observaron la escena más absurda del día; Camille Staunton abrazaba a Cara Rice con todas sus fuerzas.




viernes, 13 de enero de 2012

Un paso V

Perdonadme por haber tardado tanto, pero entre fiestas y exámenes no he tenido apenas tiempo. 



V.Podría ser el…

Al día siguiente le tocaba a Cara ir a su casa por lo que Camille limpió y acondicionó su cuarto lo mejor que pudo, cambió el edredón por uno nuevo de color verde, quitó el polvo a las estanterías y ordenó sus libros. Cuando terminó la jovencita rubia no podía explicarse por qué se estaba tomando tantas molestias por una chica a la que casi ni conocía. Pero ya no tuvo mucho más tiempo para pensar porque pronto llegó la morena. Cara observó a su anfitriona, llevaba un sencillo vestido blanco y su cabello parecía normal, algo que le favorecía enormemente. Frunció el ceño, ¿aquello que acababa de pensar era una alabanza hacia Camille Staunton? Absurdo, sin duda.
Al ver la habitación no pudo contener su lengua, algo que supo que lamentaría –No es tan rosa como imaginaba- Entonces Camille se volvió como una exhalación -¡Tu cuarto tampoco era el agujero negro que me había dado pesadillas!- Aquel comentario le enfadó mucho -No se puede juzgar a alguien antes de conocerle- dijo Cara con una mirada seria. –Entonces aplícate el cuento- respondió Camille marchándose con paso arrogante. Cara trató de responder pero se quedó moviendo la boca como un pez fuera del agua, por primera vez en su vida Cara Rice no sabía qué decir. Cuando la observó abandonar la habitación, la joven morena se dedicó a buscarla, pero al no hallar a nadie, se marchó sin aclarar sus pensamientos. Tras un rato Camille regresó a su cuarto y al verlo vacío se tumbó sobre la cama abrazando la almohada, no sabía por qué pero aquella discusión le había dejado un regusto amargo.




domingo, 20 de noviembre de 2011

Un paso (IV)



IV.Igual no es tan tonta
A Camille Staunton se le desencajo la mandíbula por segunda vez en el día y al colocársela de nuevo estuvo segura de que aquello no podía ser sano, la habitación que se abría ante ella no se parecía nada a la cueva satánica que había imaginado, era como la suya, había una cama con edredón rojo, enfrente de una mesa con un ordenador portátil y abundantes estanterías, dos mesitas con baldas y un gran armario. No había nada fuera de lo común, pero lo que realmente le sorprendió fue el libro de cubierta roja que brillaba sobre una de las mesillas. Con un grito demasiado ridículo incluso para ella, se lanzó agarrando el enorme tomo con ambas manos, no podía creerlo, faltaban dos meses para que saliera a publicación, llevaba dos años esperando por aquel título, “El teatro de los muñecos rotos”
Cara Rice alzó una ceja cuando escuchó aquel ruidito, y esta vez sí que no pudo contener una carcajada, pero la otra no le hizo el menor caso y siguió observando su novela recién salida de imprenta como si se tratara del mayor tesoro, de hecho, Cara lo consideraba así. Una de las ventajas de ser hija de una editora era que se podían conseguir copias de muchos libros antes de que se publicaran, por lo que ella siempre sabía lo que iba a ocurrir cuando el resto de lectores comenzaban a leer la primera línea. Entonces indicó a la rubia que debían comenzar su tarea, por muy frustrante que resultara, luego se aseguró de limpiar las marcas de dedos de la cubierta sin que Camille se diera cuenta.

martes, 18 de octubre de 2011

Un paso (III)



III.Tal vez no sea tan rara
Un trabajo. Un maldito trabajo. Por culpa de aquello tenía que ir a casa de Cara Rice, aunque prefería eso que llevarla a su hogar. Caminando por la estrecha calle de nuevo miró el recorte que la chica le había dado con la dirección viendo asqueada que la tinta había comenzado a deslizarse por el papel, probablemente por el sudor de su mano, aunque jamás reconocería eso, prefería pensar que era por culpa de Cara, por seguir usando pluma en el siglo XXI. Finalmente y a pesar de sus inconvenientes consiguió llegar a la calle correcta, aunque el número de la casa se había borrado ya, por suerte en el número veintitrés estaba la morena apoyada. Al verla a Camille casi se le desencajó la mandíbula, ni siquiera parecía ella, llevaba una camiseta azul oscuro, unos vaqueros grisáceos algo desteñidos y ajustados, y unas zapatillas de andar por casa de color gris claro.
Cuando observó el aspecto que lucía Camille, Cara tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no echarse a reír, la princesa llevaba un vestido azulado que llegaba hasta por debajo de sus rodillas con lacitos en toda su extensión, unas medias negras de con motitas y unos zapatitos de muñeca, el cabello con tirabuzones de fijador recogido en dos coletitas y un lazo enorme entre ambas, estaba segura de que la rubia se había visto preciosa en el espejo pero a su entender no podía estar más ridícula, aun así no tenía más remedio que hacerla pasar. Con un gesto le indicó que entrara guiándola escaleras arriba hasta su habitación donde estaba el ordenador para hacer el ejercicio.