viernes, 9 de marzo de 2012

Un paso VII


Bueno, este es el último capítulo de la historia de Camille Staunton y Cara Rice, espero que os guste.





VII.Amigas…o algo parecido

Camille Staunton y Cara Rice caminaban codo con codo, en incluso parecía que se había puesto de acuerdo en los atuendos, la rubia llevaba un vestido rojo y dorado, largo hasta el suelo de corte antiguo, con las mangas abullonadas, el escote cuadrado, y los rizos recogidos en un elegante moño con un pequeño tocado de flores,  mientras que la morena parecía un auténtico príncipe con sus botas altas, su pantalón de cuero, la camisa de chorreras y la chaqueta larga de terciopelo, todo ello por supuesto negro, llevaba el cabello amarrado en una alta coleta con una cinta de terciopelo y una espada ornamental en la cintura.
Ambas sonreían con ganas, ya hacía unas semanas que eran amigas y a pesar del revuelo que se había armado en el colegio nadie tenía ni voz ni voto en la decisión. Su primera medida oficial había sido crear un festival a medio camino entre los gustos de las dos, la feria  renacentista, por causa del cual se paseaban elegantemente por todo el complejo con cara de suma satisfacción. Debían vigilar los puestos, aunque en realidad exhibían sus trajes con orgullo, pues los habían fabricado ellas mismas. Cuando se acercaron a un puesto de bebidas la morena le ofreció una a su acompañante -¿Quieres un té princesa?- y todo el mundo contuvo la respiración, pues se había puesto en relieve en los últimos días que la tan taimada joven de ascendencia noble odiaba que la llamaran así.
Camille escuchó la dichosa palabreja de los labios de la morena, pero sonrió, no le molestaba que le llamaran princesa si era Cara quien lo hacía.

domingo, 12 de febrero de 2012

Un paso VI

Otro mesito más traigo un nuevo capítulo. Ya nos vamos acercando al final así que espero que os guste.



VI… principio de una hermosa amistad
Al día siguiente, en el recreo, Cara se sentó a leer, como siempre, mientras Camille hablaba con sus “amigas” también como siempre, sin embargo ese, que había sido un día extraño desde muy pronto por la mañana, podía volverse aún menos habitual. Frente a todo pronóstico, fue Camille la que se acercó, esa vez no tuvo miedo de lo que pensaran los demás cuando dejó a una de las estúpidas niñas que tanto le incordiaban con la palabra en la boca dirigiéndose al bicho raro que, por lo menos tenía algo de cerebro. Al acercarse observó que estaba leyendo la tan ansiada novela, pero ignoró el pequeño sentimiento de envidia que la embargaba –Ayer me dejaste tirada, tendrás que venir hoy a casa si quieres que acabemos el trabajo.- algo sorprendida Cara levantó la cabeza al notar como Camille se sentaba a su lado causando numerosos murmullos a su alrededor, a ella le daba igual pero no esperaba que la princesa del colegio también los ignorara, aunque se alegro por ello creyendo que tal vez bajo aquella diadema hortera y aquel moño de ricitos había un cerebro.
La rubia se dedicó a echar periódicas miradas por encima del hombro de Cara para tratar de leer aunque fuera una línea suelta hasta que la de rizos negros se enfadó, le dijo que se levantara y la llevó hasta el aula, donde sacó un libro idéntico a suyo –Para ti- Un chillido resonó por todo el centro, y cuando los curiosos se acercaron a mirar, observaron la escena más absurda del día; Camille Staunton abrazaba a Cara Rice con todas sus fuerzas.




viernes, 13 de enero de 2012

Un paso V

Perdonadme por haber tardado tanto, pero entre fiestas y exámenes no he tenido apenas tiempo. 



V.Podría ser el…

Al día siguiente le tocaba a Cara ir a su casa por lo que Camille limpió y acondicionó su cuarto lo mejor que pudo, cambió el edredón por uno nuevo de color verde, quitó el polvo a las estanterías y ordenó sus libros. Cuando terminó la jovencita rubia no podía explicarse por qué se estaba tomando tantas molestias por una chica a la que casi ni conocía. Pero ya no tuvo mucho más tiempo para pensar porque pronto llegó la morena. Cara observó a su anfitriona, llevaba un sencillo vestido blanco y su cabello parecía normal, algo que le favorecía enormemente. Frunció el ceño, ¿aquello que acababa de pensar era una alabanza hacia Camille Staunton? Absurdo, sin duda.
Al ver la habitación no pudo contener su lengua, algo que supo que lamentaría –No es tan rosa como imaginaba- Entonces Camille se volvió como una exhalación -¡Tu cuarto tampoco era el agujero negro que me había dado pesadillas!- Aquel comentario le enfadó mucho -No se puede juzgar a alguien antes de conocerle- dijo Cara con una mirada seria. –Entonces aplícate el cuento- respondió Camille marchándose con paso arrogante. Cara trató de responder pero se quedó moviendo la boca como un pez fuera del agua, por primera vez en su vida Cara Rice no sabía qué decir. Cuando la observó abandonar la habitación, la joven morena se dedicó a buscarla, pero al no hallar a nadie, se marchó sin aclarar sus pensamientos. Tras un rato Camille regresó a su cuarto y al verlo vacío se tumbó sobre la cama abrazando la almohada, no sabía por qué pero aquella discusión le había dejado un regusto amargo.




domingo, 20 de noviembre de 2011

Un paso (IV)



IV.Igual no es tan tonta
A Camille Staunton se le desencajo la mandíbula por segunda vez en el día y al colocársela de nuevo estuvo segura de que aquello no podía ser sano, la habitación que se abría ante ella no se parecía nada a la cueva satánica que había imaginado, era como la suya, había una cama con edredón rojo, enfrente de una mesa con un ordenador portátil y abundantes estanterías, dos mesitas con baldas y un gran armario. No había nada fuera de lo común, pero lo que realmente le sorprendió fue el libro de cubierta roja que brillaba sobre una de las mesillas. Con un grito demasiado ridículo incluso para ella, se lanzó agarrando el enorme tomo con ambas manos, no podía creerlo, faltaban dos meses para que saliera a publicación, llevaba dos años esperando por aquel título, “El teatro de los muñecos rotos”
Cara Rice alzó una ceja cuando escuchó aquel ruidito, y esta vez sí que no pudo contener una carcajada, pero la otra no le hizo el menor caso y siguió observando su novela recién salida de imprenta como si se tratara del mayor tesoro, de hecho, Cara lo consideraba así. Una de las ventajas de ser hija de una editora era que se podían conseguir copias de muchos libros antes de que se publicaran, por lo que ella siempre sabía lo que iba a ocurrir cuando el resto de lectores comenzaban a leer la primera línea. Entonces indicó a la rubia que debían comenzar su tarea, por muy frustrante que resultara, luego se aseguró de limpiar las marcas de dedos de la cubierta sin que Camille se diera cuenta.

martes, 18 de octubre de 2011

Un paso (III)



III.Tal vez no sea tan rara
Un trabajo. Un maldito trabajo. Por culpa de aquello tenía que ir a casa de Cara Rice, aunque prefería eso que llevarla a su hogar. Caminando por la estrecha calle de nuevo miró el recorte que la chica le había dado con la dirección viendo asqueada que la tinta había comenzado a deslizarse por el papel, probablemente por el sudor de su mano, aunque jamás reconocería eso, prefería pensar que era por culpa de Cara, por seguir usando pluma en el siglo XXI. Finalmente y a pesar de sus inconvenientes consiguió llegar a la calle correcta, aunque el número de la casa se había borrado ya, por suerte en el número veintitrés estaba la morena apoyada. Al verla a Camille casi se le desencajó la mandíbula, ni siquiera parecía ella, llevaba una camiseta azul oscuro, unos vaqueros grisáceos algo desteñidos y ajustados, y unas zapatillas de andar por casa de color gris claro.
Cuando observó el aspecto que lucía Camille, Cara tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no echarse a reír, la princesa llevaba un vestido azulado que llegaba hasta por debajo de sus rodillas con lacitos en toda su extensión, unas medias negras de con motitas y unos zapatitos de muñeca, el cabello con tirabuzones de fijador recogido en dos coletitas y un lazo enorme entre ambas, estaba segura de que la rubia se había visto preciosa en el espejo pero a su entender no podía estar más ridícula, aun así no tenía más remedio que hacerla pasar. Con un gesto le indicó que entrara guiándola escaleras arriba hasta su habitación donde estaba el ordenador para hacer el ejercicio.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Un paso (II)

El segundo capítulo de la historia de Camille Staunton y Cara Rice.





II.Molestia insoportable
Estaba sumamente ofuscada, por un simple voto no había podido sacar adelante la propuesta de remodelación de los jardines, el voto de Cara Rice, al finalizar la hora de tutoría se acercó al pupitre más alejado de la pizarra, al más apartado de todo el aula donde la chica tranquilamente dibujaba sobre el contrachapado. Colocó la hoja que debía firmar frente a su cara y le ofreció su bonito bolígrafo rosado. Cuando Cara lo miró con repulsión rebuscando en su estuche una pluma negra Camille no pudo evitar preguntarse por qué siempre llevaría aquel collar de pinchos y los elaborados anillos que tan solo daban miedo, pero esto dejó de importar cuando vio como la chica tachaba el lugar donde debía ir su nombre anulando el papel entero.
Cara observó divertida como la princesa se ponía roja de ira y comenzaba a hacer una rabieta que muchos bebés habrían envidiado, cuando no pudo aguantarlo más se carcajeó en su cara provocando que las venas del cuello de Camille se hincharan tanto que amenazaran con explotar. Todo el resto de alumnos ya habían salido al recreo de tal forma que Cara pensó en hacer lo mismo así que se levantó abandonando la clase y a la chica que no podía contener su rabia. Como cada día Cara llevaba un libro de más de quinientas páginas en la mano, pues de otro modo se habría aburrido sobremanera, lo abrió exactamente por la página número ciento treinta y siete y comenzó a leer con interés, le importaba muy poco el enfado de Camille Staunton, de hecho se alegraba, tal vez aquella niña tonta aprendiera una buena lección.

martes, 9 de agosto de 2011



Completamente solo en el amplio campo observó las flores ya secas del mes pasado, no las había cambiado aún, se agachó apenas un momento tomando una de ellas entre sus manos, mirándola, estaba tan seca como su corazón.
Los pétalos de la rosa marchita bailaron ante su cara, dispersándose en el viento, mientras sus dedos abandonaban el tallo seco dejándolo caer, junto con los restos de las lágrimas que llenaban su cara. Nunca había sentido nada parecido por nadie, nunca había amado de aquella manera, ni sufrido tanto. Aunque era algo que jamás había pedido… todo ese dolor, un dolor tan inexplicable, tan fuerte, aquella agonía que le acompañaba cada mañana, cada tarde y cada noche, la agonía que le hacía perder las ganas de vivir. Sin embargo cuando pensaba en él sus ojos se seguían iluminando, su sangre se seguía acelerando y su corazón seguía amando su recuerdo.
No puedo vivir sin ti, simplemente no puedo… no quiero olvidar el brillo de tus ojos, la amabilidad de tu sonrisa y la calidez de tu voz. No quiero despertar un día y descubrir que ya no te echo de menos.
Se negaba a aceptarlo, temía olvidar su cara, el sabor de sus labios, temía incluso olvidar que le había amado tanto. Se arrodilló acariciando la piedra helada con una mano, mientras el viento continuaba revolviéndole el cabello. Porque realmente no deseaba dejar de sufrir, su dolor era la constatación de su humanidad, era lo que protegía el recuerdo de aquel por el que habría dado la vida entera.
Miró hacia el cielo gris de tormenta, pensando en si estaría siendo observado desde allí arriba, pues estaba seguro de que él solo podía haberse convertido en un ángel.
Con lentitud sacó las flores frescas de debajo del abrigo colocándolas, arrojando por fin las antiguas a un lado, las rosas rojas brillaron sobre la piedra oscura, haciéndole recordad sus labios siempre curvados en una cándida sonrisa.
No quiero decir adiós, temo perder lo poco que me queda de ti, jamás había amado hasta que te vi, y sé que jamás amaré ahora que te has ido, pero me asusta convertir mi dolor en una rutina y olvidar por qué sufro.
Era por él, solo por él, como siempre había sido, siempre se había tratado de ellos dos, de sus sueños y de su futuro, que ahora estaba roto, no quedaba nada a lo que agarrarse y se sentía tan solo, necesitaba tenerle de nuevo, abrazar su cuerpo delgado y cálido, necesitaba aferrarse a su amor. Lo necesitaba tanto, cada parte de él gritaba deseando volver a su lado, y ni siquiera podía soportar verle entre sus sueños convertidos en pesadillas, simplemente no podía vivir sin él.
Cuanto habría dado por ser él, habría entregado cada parte de sí mismo si así hubiera podido salvarle, habría renunciado a su propia humanidad solo por verle una vez más.
Su recuerdo todavía le llenaba el corazón, mientras, completamente solo en aquel gigantesco campo azotado por el viento, aun pensaba en él, aferrándose a los recuerdos que desgarraban su alma, viéndolos como su única salvación.
Ahora solo puedo decir que te amo, como siempre he hecho, te amo como jamás he amado, te amo porque fuiste él primero y el último, el único en mi corazón. Necesito tu amor y tu presencia para hacerme fuerte. El dolor de haberte perdido rompió mi alma, pero no acabó con la esperanza. Porque necesito creer que algún día nos volveremos a ver…porque aunque pasen miles de años, aunque olvide hasta tu rostro y el calor de tu cuerpo contra el mío, aunque olvide la felicidad de estar junto a ti y los momentos que aun hoy, cuando estoy envuelto por la tristeza, me hacen sonreír, hay algo que jamás cambiará, y es que te amo.
El tiempo pasa y mientras espero volverte a ver, el amor renace de nuevo.